Cada gramo de más se multiplica por mil cuando llevas dos horas andando con un 90 % de humedad buscando el hostal. Esta es la lista que mandamos a nuestros grupos tres semanas antes de volar: qué entra, qué se queda en casa y qué no compres en España porque allí vale dos euros.
01La primera decisión lo cambia todo: mochila, no maleta
Lo vas a entender el primer día, en el minuto exacto en que intentes arrastrar una maleta de ruedecitas por las aceras destartaladas de Bangkok. O por la arena de una playa de las Gili. O por las escaleras de una estación sin ascensor, o por la pasarela de un ferry, o por el pasillo de una furgoneta con catorce personas dentro.
El sudeste asiático no está construido para las ruedas. Está construido para la espalda.
Pásate a la mochila de 40 litros. Es la medida que entra en cabina en casi todas las aerolíneas de bajo coste asiáticas, que son las que vas a usar para los vuelos internos. Y ponte un tope mental de 10 kilos: todo lo que pese más se convierte en tu peor enemigo al tercer día de viaje.
Los 40 litros no son un capricho de mochilero purista. Son el punto exacto en el que cabe todo lo que necesitas para doce días y todavía puedes correr con ella puesta si se te va el ferry.
02Lo que se queda en casa (y pesa una barbaridad)
Aquí es donde se gana el viaje. Casi nadie se pasa de peso por meter cosas raras: se pasa por meter cosas normales que no va a usar.
✕ No lo metas
- Tacones y zapatos de vestir rígidos. No los vas a usar jamás. Ni una vez.
- Cinco abrigos. Salvo que subas a un volcán de Indonesia o hagas trekking nocturno, sobran cuatro.
- Secador, plancha, toalla de playa grande. El hostal tiene lo que necesitas y la toalla grande tarda dos días en secarse.
- Medio armario «por si acaso». Si no te lo has puesto en los últimos tres meses en España, tampoco te lo vas a poner en Asia.
- Vaqueros. Pesan, no transpiran y tardan una eternidad en secar.
✓ Cámbialo por esto
- Unas sandalias de trekking y unas zapatillas todoterreno que no te importe destrozar.
- Una sudadera ligera. No para el frío de fuera: para el aire acondicionado polar de los buses nocturnos y los aviones.
- Una toalla de microfibra. Ocupa como un calcetín y está seca en veinte minutos.
- Ropa técnica ligera de secado rápido. La lavas en el lavabo por la noche y por la mañana está puesta.
- Pantalón ligero de algodón o de tejido técnico. Fresco y vale para templos.
03Los imprescindibles WYLDER
Esta es la parte corta de la lista y la que de verdad marca la diferencia. Son cinco cosas que casi nadie mete y que todo el mundo acaba echando de menos.
Un chubasquero ligero tipo poncho
En época de monzón te puede caer una trompa de agua bíblica en cuestión de dos minutos, sin aviso previo. Más vale parecer una bolsa de basura con patas durante diez minutos que llegar empapado al hotel y pasarte la tarde esperando a que se seque la ropa.
Bolsas herméticas tipo Ziploc
Salvan vidas. Literalmente salvan el móvil, la cámara y el pasaporte cuando te pilla un chaparrón en moto o cuando la lancha rápida entre islas empieza a saltar y todo el mundo acaba calado. Mete tres o cuatro de distintos tamaños: pesan cero.
Un buen adaptador universal de enchufes
Aunque en muchos sitios ya usan clavijas compatibles con las nuestras, nunca sabes dónde vas a acabar enchufando el cargador múltiple. Uno universal con un par de USB te resuelve el viaje entero y evita la pelea de cada noche por el único enchufe libre de la habitación.
Un botiquín básico de verdad
No hace falta vaciar la farmacia, pero sí llevar lo que a las tres de la mañana no vas a encontrar: sobres de suero oral, algún protector estomacal que te haya recomendado tu médico, ibuprofeno, tiritas y repelente de mosquitos. El cambio de flora bacteriana da la lata los primeros días aunque hagas todo bien.
Protector solar biodegradable
Los solares normales destruyen el coral, y en el sudeste asiático te vas a meter en el agua encima de arrecifes prácticamente todos los días. Cómpralo en España: allí es más difícil de encontrar y más caro.
Un candado pequeño para las taquillas de los hostales y una mochila de día de 20 litros plegada dentro de la grande. La vas a usar todos los días para las excursiones y es lo que más se echa de menos cuando no se lleva.
04Lo que no llevas porque allí vale dos euros
Esto es lo contrario de una lista de equipaje y por eso casi nadie te lo cuenta: hay cosas que llevar desde España es tirar peso y dinero.
- Pareo o pantalón ligero para los templos. En los lugares sagrados hay que llevar hombros y rodillas cubiertos. Lo compras por dos euros en cualquier esquina y te evitas pagar la típica capa de plástico cara que venden en la entrada del templo.
- Camisetas. Vas a sudar como no has sudado nunca y vas a querer camisetas nuevas. En cualquier mercadillo nocturno las tienes por lo que cuesta un café aquí.
- Chanclas. Se rompen, se pierden en la playa y se reponen por nada.
- Gel, champú y pasta de dientes. Lleva solo formato pequeño para los primeros días y repón allí. Pesan más de lo que crees.
La regla general: si se puede comprar en un mercadillo, no lo lleves. Si te falta algo, lo tienes resuelto en el primer puesto que te cruces y además te llevas la anécdota del regateo.
05Cómo se cierra la mochila el día antes
Dos reglas y ya está hecho.
Lo que nunca va en la bodega: pasaporte, dinero, tarjetas, medicación, cargador y una muda completa. Si tu mochila se queda en una escala, esas cosas son la diferencia entre un contratiempo y un drama de tres días.
Lo pesado abajo y pegado a la espalda. Lo que vayas a necesitar durante el trayecto, arriba del todo. Y una vez cerrada, cárgatela y da una vuelta a la manzana. Si a los diez minutos ya te molesta, saca cosas: en Asia vas a llevarla puesta mucho más de diez minutos.
La lista, en una pantalla
Y si al terminar de hacer la mochila te sobra espacio, no lo rellenes. Ese hueco es para lo que te traigas de vuelta.